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A mitad de la semana

Martes, 26 Febrero 2019 20:50 Escrito por 

Con la firme intención de pisar lo cayos (lonjitas en este caso) de aquellas personas que se sientan (me incluyo) aludidos con el título de la columna de esta semana, decidimos presentarles esta concientización de uno de los problemas más grandes de la humanidad en los últimos tiempos: la epidemia a nivel mundial del sobrepeso y obesidad.
Si usted amable lector no ha ido a checarse su peso es momento de que lo haga, sobre todo en aquella medida que se establece con el peso y la altura, es decir: El índice de masa corporal por sus siglas IMC. (no es Instituto Mexiquense de Cultura).
Según la Organización Mundial de la Salud y su símil la Organización Panamericana de la Salud, una persona que tiene un IMC inferior a 18.5 tiene bajo peso, hasta 24.9 es normal, a partir de 25 hasta 29.9 es sobrepeso y desde 30 es obesidad. La mejor forma de saber nuestro IMC es en la página que tiene el IMSS que aparece en el primer recurso colocando en Google “Calcula tu IMC”. En ella colocamos algunos datos, altura y peso, y nos arroja nuestro índice individual al momento.
Sin embargo, debemos partir de que estas medidas han sido establecidas por todo el mundo, por convencionalismos científicos que se han generado a partir de la incidencia de enfermedades no transmisibles con personas que presentan estos datos.
Las personas que se encuentran con sobre peso, son propensas a presentar enfermedades que pueden ir desde problemas traumatológicos (dolor de rodillas, espalda, cadera) cardiacos (colesterol y enfermedad coronaria), ginecológicos (infertilidad), problemas en el hígado, vesícula y hasta cáncer y diabetes. Sin duda no es menor la cantidad de enfermedades que se detona con cada punto extra en el IMC.
Los gobiernos a nivel mundial observan este tipo de enfermedades no trasmisibles como un deber asistencial para con su sociedad (digamos moral y por amor a la humanidad); sin embargo, la verdad también incluye que los costos por los tratamientos son elevados y tienden a incrementarse, por las instituciones que otorgan seguridad y salud social de manera gratuita.
Se han pensado (a grandes rasgos) 2 formas en las que se debe abatir la obesidad. 1. Las autoridades obligan a las empresas a informar con precisión de las características de los productos (las porciones por envase y sus calorías), inhiben la venta de comida con alto contenido calórico o comida chatarra (en las escuelas, por ejemplo) y procuran reducir el consumo al aumentar los precios (como el de los refrescos). 2. Por otra parte, cada ciudadano debe evitar el exceso de consumo de alimentos calóricos y el ejercicio regular.
Aquí la clave es la caloría, no la grasa, no el almidón. La caloría es el ingrediente que se ha detectado que nos provoca la obesidad. En términos simples el azúcar.
Aunque existen muchas teorías respecto a si solamente la caloría debe ser importante para evitar la obesidad, la verdad es lo único que se ha tomado en cuenta a nivel mundial: la caloría es la medida de energía genera obesidad cuando no se utiliza en el ejercicio.
Así que en términos mundanos y reales, para evitar el sobrepeso y la obesidad, debemos evitar los alimentos con alto contenido calórico y de manera regular, hacer ejercicio por más de 30 minutos para asegurar que se está consumiendo algún porcentaje de calorías.
México es el país número uno en obesidad en adultos y en niños. ¿Nos esperaremos a ser el que tenga mayor índice de enfermedades cardiacas, cáncer y diabetes? No creo que sea necesario.

 

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